martes, 16 de agosto de 2016

EL SILENCIO DE LOS CORDEROS





El reciente episodio protagonizado por esa piltrafa llamada Gustavo Cordera es un símbolo de nuestra tan mentada transformación cultural. Nada más progre que Cordera, nada más repugnante. Este individuo epiceno y embotado se jacta de haber asistido a varias sesiones de ayauhasca en la selva, ritual cool si los hay en la progresía sedienta de pseudomísticas. Condensó su evangelio humanocéntrico en la obscena Soy mi Soberano, que podría haber sido redactada por un ángel caído si se perdonan los ripios y las torpezas. Mostró obscenidades y vulgaridades y todo con un fuerte sentido luciferino, detectable en otros exponentes de nuestra gloriosa subcultura –como el conjunto preferido de Aníbal Fernández- formada por el humus y las heces de la droga, el resentimiento, la abyección y la náusea.

Las bellas almas de la progresía se rasgan ahora las vestiduras, porque el sujeto en cuestión exaltó el estupro y aseguró que ciertas mujeres necesitaban ser violadas.  Novaresio mesó sus barbas, Domán estalló en indignación, la directora de Barcelona –tan luego- se ofendió. Y sin embargo, las declaraciones de Cordera ilustran el fondo nihilista y característico de la moral de horda de la versión progresista del pensamiento latinoamericano. Mientras que en otras latitudes viste tweed, se expresa con rigurosidad y eventualmente mantiene ciertas formas que tienden al paganismo, el progresismo argentino y latinoamericano no es más que el retroceso al estado de barbarie prehispánica, la degradación entrópica de la cultura en horda, sobre todo en lo sexual, en la transgresión del incesto, en la abyección que campeaba por sus fueros antes de que el glorioso Portador de Cristo pisara tierra americana. El Kirchnerismo oficializó esa cultura el día que elevó a status matrimonial el “casamiento homosexual” y una Morsa de bigotes blanquecinos defendía a los pibes y a la legalización de la droga. El mal trabajo se hizo mal, y hoy la sociedad se divide entre progres enragé y progres moderados, más un enorme rebaño de corderos en silencio que engullen los pastos de los tópicos progres con mansedumbre.

En pocos lugares del mundo se hace tan evidente que el progreso del progresismo es regresión. Deberíamos hablar de regresismo. En Caracas, disuelto el contrato social en medio de escalada de violencias, delitos, y escasez, es regreso a las formas más precarias de vida. Aquí ha devenido regresión a etapas de salteadores de caminos y ladrones de tumbas. El progresismo no es más que la deconstrucción de la sociedad humana, regresando a embriogenéticas anteriores y eventualmente a su disolución. Y tal veneno, tal nefanda meningitis, propagada a la Iglesia por su mayor representante en la variante latinoamericana, como dice el Wanderer en su último post, comporta disolución a lío y carne, y carne invertebrada. La Iglesia convertida en un montón de carne.

El progresismo es rebelión contra las naturalezas, sean individuales, sociales o sobrenaturales. El progresismo es el enemigo de la Ley, pero también de la gracia.

El progresismo es el mal, el progresismo es la muerte.


lunes, 15 de agosto de 2016

LA MUJER MODERNA




La mujer moderna se ha hecho igual al hombre, pero no es feliz. Ella se ha “emancipado”, lo mismo que un péndulo quitado de un reloj que ya no cuenta con la libertad de mecerse, o como una flor que ha sido librada de sus raíces. Ella se ha devaluado en su búsqueda de la igualdad matemática en dos formas: al convertirse en una víctima del hombre y en una víctima de la máquina. Ella se convirtió en una víc­tima del hombre al convertirse únicamente en el ins­trumento de su placer y atendiendo a sus necesidades en un intercambio estéril de egoísmos. Se convirtió en víctima de la máquina al subordinar el principio crea­dor de la vida a la producción de las cosas que no tienen vida, lo cual es la esencia del comunismo.

No se trata de condenar a la mujer profesional, ya que la pregunta importante no es si una mujer en­cuentra favor a los ojos de un hombre, sino más bien si ella puede satisfacer los instintos básicos de la mu­jer. El problema de una mujer es ver si a ciertas cualidades otorgadas por Dios y que son específica­mente de ella, se les está dando una expresión total y adecuada. Estas cualidades son principalmente devo­ción, sacrificio y amor. Éstas no necesariamente deben expresarse en una familia, ni siquiera en un convento. Pueden encontrar una aplicación en el mundo social, en el cuidado de los enfermos, los pobres, los igno­rantes; en las siete obras corporales de misericordia. Algunas veces se ha dicho que la mujer profesional es dura. Esto puede ser cierto, en algunos momentos, pero si es así no es debido a que tenga una profesión, sino porque ella ha separado su profesión del con­tacto con los seres humanos, de modo de poder satis­facer las más profundas ansiedades de su corazón. Pue­de ser muy posible que el actuar contra la moral y la exaltación de los placeres sensuales como propósito en la vida, se deban a la pérdida del objeto espiri­tual de la existencia. Después de sentirse frustradas y desilusionadas, estas almas se aburren, primero, luego adoptan el cinismo y finalmente el suicidio.

La solución se halla en el regreso al concepto cristiano, en donde el acento se pone no sobre la igual­dad, sino sobre la equidad. La igualdad es ley. Es matemática, abstracta, universal, indiferente a las con­diciones, circunstancias y diferencias. La equidad es amor, misericordia, comprensión y simpatía. Permite la consideración de detalles, exigencias y aun aplica­ciones de reglas fijas que todavía no ha adoptado la ley. En especial, es la aplicación de la ley a una per­sona individual. La equidad coloca su seguridad en los principios morales y está guiada por un conoci­miento claro de los motivos de las familias individua­les, que caen fuera del alcance de los rigores de la ley.

La equidad, por lo tanto, más que la igualdad, debería ser la base de todo reclamo femenino. La equidad es la perfección de la igualdad, no su sus­tituto. Tiene la ventaja de reconocer la diferencia es­pecífica entre el hombre y la mujer, cosa que no tiene la igualdad. El hombre y la mujer son iguales ya que tienen los mismos derechos y libertades, la misma meta final en la vida y la misma redención por la sangre de Nuestro Salvador, pero son diferentes en función. La razón de que el hombre y la mujer se complemen­ten uno al otro es que son desiguales.

Cuando el hombre ama a la mujer, es natural que mientras más noble sea ésta, más noble sea el amor, y mientras más altas sean las demandas por parte de una mujer, el hombre deberá ser más digno. Es por esto que la mujer es la medida del nivel de nuestra civilización. Nuestra época debe decidir si la mujer reclamará la igualdad sexual y el derecho de traba­jar con hombres, o si ella reclamará la equidad y dará al mundo lo que ningún hombre puede dar. En los días paganos, cuando las mujeres querían simplemente ser iguales a los hombres, perdieron el respeto. En los días cristianos, cuando los hombres eran más fuertes, la mujer era más respetada. La mujer de esta época en que la justicia sufre un colapso, deberá escoger entre igualarse con los hombres con exactitud rígida o recobrar la equidad, misericordia y amor, entregando a un mundo sin ley algo que nunca podrá dar la igualdad.


Mons. Fulton J. Sheen, “El poder del amor”.

miércoles, 6 de julio de 2016

EX-LIDER FEMINISTA KUBY: "DETRÁS DE LA OFENSIVA CONTRA LA FAMILIA ESTÁN ROCKEFELLER Y BILL GATES"





Conversar con Gabriele Kuby, reconocida socióloga alemana, autora y conferenciante, es percibir enseguida por qué conforma todo un referente internacional en la defensa de la familia y la libertad.

En su último libro, "La revolución sexual Global. La destrucción de la libertad en nombre de la libertad", Kuby profundiza en su denuncia de la ideología de género. La obra, traducida ya a siete idiomas, se ha convertido en todo un instrumento de resistencia cívica en esta crucial batalla que se libra en Occidente entre el nuevo totalitarismo y la familia.

No es extraño que la autora haya sido atacada y perseguida de forma furibunda por el lobby gay. Nada menos que una obra de teatro le han dedicado. Se trata de El miedo, del dramaturgo homosexual Falk Richter, estrenada hace unos meses en Berlín. La obra comienza presentando a Kuby y a otras cuatro activistas profamilia como “zombies” nazis revividos de sus tumbas de 1945, merecedoras de mofas y, finalmente, de “un tiro en el cerebro”, como acababa señalando un actor al público, tachándolas de “amenazas contra la humanidad”. Pocas horas después de este estreno, el vehículo de una de las vilipendiadas apareció calcinado; una semana después, otra denunciaba un atentado similar.

De todos estos temas tratamos abiertamente con Gabriele Kuby.

“El relativismo y la anulación de la concepción cristiana del hombre son bases de esta revolución sexual con graves consecuencias: destrucción de la familia y crisis demográfica”

En “La Revolución Sexual Global” trata de alertar de las graves consecuencias de esta ideología. ¿Por qué es importante concienciarnos de ello?

Según se entienda la sexualidad, así irá la familia. Según sea la situación de la familia, así será la de la sociedad. Las normas sexuales tienen una influencia decisiva en la construcción de todo el edificio que conforma la cultura. El antropólogo Joseph Daniel Unwin, profesor de Oxford en la década de 1930, mostró en su libro Sexo y Cultura [J. D. Unwin, Sex and Culture, Oxford University Press 1934] que la Cultura con mayúsculas sólo puede existir con unas claras normas sexuales.

La cultura cristiana europea se basa en el ideal de la monogamia. Ahora asistimos a una revolución cultural que derroca la moral sexual. Las graves consecuencias que se derivan de ello son obvias: la destrucción de la familia y la crisis demográfica. Pero los poderes mundiales siguen obligando a todas las naciones a emprender esta revolución sexual.

jueves, 23 de junio de 2016

LA MODA EN UNA SOCIEDAD NEOPAGANA





Monseñor Antonio de Castro Mayer escribía, en la década de los setenta, que en una sociedad neopagana la moda se aleja cada vez más de las virtudes cristianas, (1). La ropa, especialmente la femenina, nos sume en un ambiente sensual. Las jóvenes, asimismo, entran en las iglesias, frisando el “sacrilegio local”, con vestidos ajustados y escotados, con minifaldas que al sentarse dejan ver partes (“menos honestas” o “deshonestas” sin más) que deberían permanecer tapadas. El cardenal Giuseppe Siri escribía en 1964 (2) que los pantalones femeninos alteran la psicología de las mujeres, y conducen a una inversión de los papeles en que es «la mujer la que lleva los [...] pantalones [...]». Ahora bien, proseguía el purpurado, la moda cambia de continuo, pero la moral es inmutable. De ahí que debamos prestar atención a los bailes modernos y sensuales, a las piscinas mixtas, a los escotes amplios; además, está bien evitar las mangas cortas en la Iglesia, así como el uso de los pantalones cortos tanto por parte de los hombres cuanto de las mujeres, por respeto al lugar santo. Hoy, por desdicha, la moda de la “almilla” estrecha (*) (en todos los sentidos), los escotes generosos y las mangas casi inexistentes hacen a la indumentaria gravemente pecaminosa en sí. Con razón Monseñor Pier Carlo Landucci recuperaba (3), en la década de los sesenta, un artículo de Monseñor Ernest Jouin, quien escribía: «A las mangas largas les siguen ahora las cortas; luego desaparecerán también éstas para ceder el puesto a meros “tirantes ” que no cubrirán ya nada»(4).

A los sacerdotes les corre el deber grave de no permitir tales abusos. El cardenal Pietro Palazzini afirmaba en 1968: «Es completamente natural en la mujer la tendencia a adornar su cuerpo; es incluso loable dentro de ciertos límites, pero hay que evitar cualquier exceso. El cuerpo humano es templo del Espíritu Santo. El atavío mujeril debe ser bello y sobrio, en cuanto adorno del cuerpo, que es templo del Espíritu Santo. Ahora bien, si pasa de ahí debido a una dañada intención de seducir, se realiza una acción objetivamente pecaminosa en materia grave, mientras que si lo hace sólo por vanidad, hay pecado venial» (4). Es reprobable todo vestido que constituya un peligro para la virtud del sujeto (despilfarro de dinero y escándalo activo) y de los demás (escándalo pasivo).

Además de la cuestión moral o pecaminosa, es menester hacer comprender a los fieles que la indumentaria femenina prepara o deforma a las futuras madres (los pantalones, los cabellos cortos, la chaqueta y la corbata mujeriles les quitan a las mujeres el instinto maternal, que es la esencia de la feminidad). El cardenal Siri explica que, de suyo, no hay pecado mortal para las mujeres al ponerse los pantalones con tal de que haya una causa proporcionada que lo justifique (montar en bicicleta o a caballo, esquiar) y de que los pantalones no sean demasiado ajustados (para que no se entrevean las formas); en caso contrario, se ofende gravemente a la moral. Sin embargo, los pantalones femeninos comportan cierto rechazo -tendencial o implícito- de la maternidad, y los niños, que tienen instintivamente el sentido de la dignidad de la madre, son delicadísimos al respecto y perciben la oposición que se da entre la moda y la razón o naturaleza maternal. El niño tiene una especie de sexto sentido que lo hace muy sensible a la ligereza, el exhibicionismo y la tendencial infidelidad materna, que repercutirá psicológicamente en su vida de adulto y que podría marcarlo negativamente, hasta de manera bastante grave y peligrosa (droga, alcoholismo, suicidio, delincuencia, homosexualidad).

Pueden imaginarse fácilmente las consecuencias de la moda indecente femenina: familias rotas (divorcios o separaciones, con traumas psicológicos muy elevados en los hijos), vidas truncadas (suicidios o toxicomanías), degeneración moral, depresión y abandono de los viejos. Cosas que podían hacer sonreír y parecer irreales a finales de los años cincuenta, pero que, por desgracia, se han convertido hoy en el pan nuestro de cada día. Pío XII enseñaba que el pudor femenino de hoy prepara para los deberes maternos del mañana (5). Decía: «Si no sois púdicas hoy [años cincuenta], no seréis madres capaces mañana [años setenta-ochenta: leyes sobre el divorcio y el aborto]». ¡Nunca hubo una previsión más verdadera! Una de las concausas principales de la gangrena del mundo actual es la amoralidad del mundo femenino y materno. La juventud crecerá ligera, frívola, irresponsable e inadaptada, tanto física cuanto psicológicamente, para la vida matrimonial (que hoy naufraga al 90%).

REVISTA THC: CULTURA CANNÁBICA CRIMINAL PARA IDIOTIZAR A LA SOCIEDAD ARGENTINA




Juan Manuel Soaje Pinto entrevista al Tte. 1/o, Dr. Norberto J. Casais, médico clínico, militar, historiador y escritor; autor de obras como "Ricardo Guitierrez, médico soldado y poeta: Origen del Hospital de Niños"; y "La sanidad argentina en la Guerra del Paraguay", entre otras... ¿Qué hay detrás de la legislación, el financiamiento, la propaganda y la instalación cultural del consumo de drogas en la sociedad actual? Tras la pretendida conquista de D.D.H.H., se esconde un entramado político/empresarial cuyo objetivo es instrumentar y aplicar una de las políticas más nefastas que se han concebido en las más altas esferas del poder financiero global, y cuyo único objetivo es socavar la integridad y los valores de una sociedad bien constituida, para mantenerla irreflexiva, dócil e incapaz de ser artífice de su propio destino.

viernes, 10 de junio de 2016

LOS ADOLESCENTES







Por Mons. Fulton J. Sheen

La adolescencia o sea la edad de los trece a los diecinueve años, es la breve hora entre la primavera y el verano de la vida. Antes de llegar a la adolescencia, hay muy poca individualidad o personalidad, pero en cuanto la adoles­cencia se inicia, la vida emocional adquiere el carácter de su ambiente, como el agua toma la forma del recipiente que la contiene. El adolescente principia a ser consciente de sí mismo y de los otros y por lo tanto, empieza a vivir en soledad. La juventud se siente mucho más solitaria de lo que muchos maestros o profesores suponen; quizá el adolescente agoniza en la soledad de espíritu más grande que encarará durante su vida, hasta llegar a la madurez, cuando el sentido de culpas no redimidas empieza a pesarle sobre el alma adulta.
Entre más proyecta el adolescente su personalidad sobre el mundo que le rodea, más parece alejarse de él. Es como si entre su alma y el mundo existiera un muro. Nunca se autoanaliza por completo. Así como al niño le toma mucho tiempo dominar la coordinación entre sus ojos y manos, igualmente el adolescente tarda en ajustarse a este mundo extenso, al que se siente tan extrañamente unido. No puede tomar las cosas como vienen; la nove­dad, nuevas experiencias emocionales, grandes esperanzas y sueños, inundan su alma, cada una de ellas exigiendo atención y satisfacciones propias. No confía su estado emocional a otros; vive, sencillamente. Es difícil para el adulto penetrar a través del cascarón en que se refugia. Como Adán después de su caída, se esconde para no ser descubierto.
Con la soledad aparece en el adolescente un gran deseo de que se fijen en él, ya que la vanidad es un vicio que ha de reprimirse desde temprano. El afán de notoriedad explica las maneras ruidosas de algunos. Esto no sólo atrae las miradas de otros, sino le hace experimentar un sentido latente de rebelión contra los demás y afirma el hecho de que vive para sí, a su propio estilo y como más le agrada.
Con esta cualidad de impenetrabilidad, se convierte en imitador. En rebelión contra lo establecido y gobernado principalmente por impresiones fugitivas, se asemeja al camaleón, que toma el color de los objetos sobre los que se coloca. Se vuelve un héroe o un bandido, un santo o un ladrón, según el ambiente de sus lecturas o sus compa­ñeros. Este espíritu de imitación se revela en el traje. Pantalón de mezclilla, camisa fuera del pantalón y col­gando como bandera de un ejército derrotado, corte de pelo al estilo de los salvajes de Oceanía; todo esto se hace universal entre la juventud que tiene miedo de “ir contra la corriente”.
Existen muy pocos dirigentes naturales entre los ado­lescentes, pues la mayoría se conforman con seguir a los otros. Y esta imitación inconsciente es un peligro moral, porque el carácter depende de la habilidad para decir “no”. A menos que la educación dé a los adolescentes un entrenamiento de la voluntad, éstos entrarán en la edad adulta convertidos en esclavos de la propaganda y la opinión general y permanecerán así el resto de sus vidas. En vez de crear, imitan. Crear es reconocer el espíritu de las cosas. Imitar es sumergir la personalidad en el fondo más bajo de la masa.

“LA RESTAURACIÓN DE LA CULTURA CRISTIANA”, DE JOHN SENIOR





El año pasado (2015) publicábamos aquí algunos párrafos del hermoso libro de John Senior titulado “La restauración de la cultura cristiana” que gentilmente nos había enviado su traductor, Rubén Peretó Rivas.
Hace pocos días nos ha llegado la hermosa noticia de que el libro ya se encuentra a disposición aquí.
Con presentación de Natalia Sanmartin Fenollera, autora de “El despertar de la srta. Prim”, ofrecemos el índice y algunas líneas inspiradas en su prólogo.
Que no te la cuenten…
P. Javier Olivera Ravasi


  • Índice
  • LA RESTAURACIÓN DE LA CULTURA CRISTIANA
  • 1. La restauración de la cultura cristiana
  • 2. El holocausto climatizado
  • 3. La agenda católica
  • 4. Teología y superstición
  • 5. El  espíritu de la regla
  • 6. La solución final para la educación liberal
  • 7. Las tinieblas de Egipto

Leer La restauración de la cultura cristiana equivale a asomarse a lo que fue una de las experiencias más extraordinarias, y silenciadas, del ámbito educativo y religioso de las últimas décadas.
En el mismo momento en que en París, durante 1968, los estudiantes armaban barricadas en las calles y arrojaban bombas incendiarias y que, pocos años después, sus colegas americanos incendiaban edificios universitarios y asesinaban policías, tres profesores comenzaban con un experimento insólito: enseñar en la universidad que la verdad existe y que puede ser conocida. Ellos eran católicos, pero su programa de estudios no lo era. Su tarea consistía en enseñar los clásicos e inculcar en sus estudiantes el amor por el conocimiento y por el legado de la civilización occidental y lo que parecía una iniciativa disparatada y condenada al fracaso, consiguió una gran aceptación.
“No era solamente que habían perdido su fe -comenta Senior- sino que habían perdido la razón. La fe necesita tener algo en la naturaleza del hombre sobre la cual trabajar. Y nuestra tarea fue restaurar esa naturaleza”. Y eso implicaba enfrentarse a un número grupo estudiantil que no creía en nada y afirmaba la no existencia de la realidad. Y ante este panorama, en vez de ceder a las pretensiones estudiantiles como aconsejaban los sapientes conocedores de las ciencias de la educación, eligieron ser genuinamente extremistas: desafiaron a sus estudiantes a que creyeran en la realidad, a que buscaran la sabiduría más bien que al conocimiento; a que buscaran la Verdad, la Belleza y el Bien.

CON UN AIRE MUSICAL




Padre David Baquerizo

Tratemos de considerar cómo el mundo se puede meter en el corazón de nuestros jóvenes por medio de la música.
Para entrar en el tema, ne­cesitaríamos preguntarnos de ante­mano: ¿por qué escuchamos músi­ca? Una respuesta más superficial, aunque no del todo incorrecta, po­dría ser: “Porque me gusta," o, “por­que me hacer sentir bien."
Ciertamente la música nos hace sentir bien, nos agrada, porque es algo bello; y si decimos que es bello queremos decir que es algo a la vez bueno y con todas sus partes ordenadas (como por ejemplo un paisaje bello es un paisaje a la vez con cada cosa en su lugar y estas cosas bien puestas en su lugar).
En concreto, la música es una serie de sonidos bien ordenados entre sí - o sea bellos - lo cual agra­da a nuestra alma, y es más, le toca en partes profundas de ella. Dios lo ha así dispuesto para que la música pueda primeramente elevar nuestra alma justamente a Él, pacificándola y apuntando nuestros pensamien­tos hacia el cielo: es un instrumento con que podemos alabarle de ma­nera delicada y majestuosa (imagi­nemos los cantos gregorianos que hemos escuchado en los prioratos, o las polifonías que se cantan en los domingos y fiestas).
Pero no toda música es grego­riana. Si quieren, “parte de la tor­ta" también nos toca a nosotros. Nos entretiene: puede servir para calmarnos para animarnos a la valentía (un soldado en la guerra), alegrarnos, o ponernos tristes. En fin, la música toca a las pasiones de nuestra alma. Esto igualmente no es de poco provecho para no­sotros, porque nuestras pasiones, que son tan rebeldes en cada uno, — el enojo que lleva a faltar contra la caridad, la tristeza que desanima, el temor que sofoca la iniciativa — encuentran aquí un lugar donde se pueden ordenar, un cauce donde expresarlos o un medio para cal­marlos. Todo esto es bueno: ¿quién no quiere tener música alegre en un casamiento, llorar a un ser querido que falleció con una melodía triste o incluso desahogar un enojo con la 5ta Sinfonía de Beethoven?

Podemos encontrar un pro­blema (y el mundo se ha rebusca­do para conseguirlo) si existe una música que no está, como dijimos antes, con los sonidos bien orde­nados, sino que tiene sus elementos desordenados. Gran peligro. Porque así como la música nos toca pro­fundamente, así de profundo puede ser el daño. Es aquí donde tenemos el problema de la música moderna que hoy en día escuchamos. Por “música moderna" nos referimos a toda la música que ha salido de la misma familia o cultura “rock” des­de los '50s: rock n'roll, boogie-woogie, blues, Beatles, pop, hard rock, punk rock, heavy metal, acid rock, electrónica, techno, funk, rap, cumbia, reggaeton, etc. ¿Qué problema tiene este tipo de música? ¿Cómo puede estar desordenada? Para contestar a estas preguntas, hace falta considerar los tres elementos que constituyen una pieza musical. Son: la melodía, armonía, y ritmo.

lunes, 2 de mayo de 2016

LOS PARAÍSOS NOCTURNOS DE LA DEMENCIA CAPITALISTA: LOS JÓVENES SE SUICIDAN Y DESCEREBRAN CON DROGAS EN LAS DISCOTECAS








Los cinco jóvenes que murieron por INTOXICACIÓN CON ÉXTASIS, hacinados y moviéndose como ZOMBIES en una discoteca de la Argentina, son apenas una MUESTRA paradigmática de los templos del CONSUMISMO Y LA ALIENACIÓN instalados por la demencia capitalista a escala global.

Estos locales de ASESINATO CEREBRAL masivo (que funcionan "legalmente" en todos los países) son antros infectos, sin oxígeno, y con sonido tecno que destruyen el sistema nervioso en forma irreversible.

Son paraísos del NEGOCIO NOCTURNO CAPITALISTA CON LAS DROGAS donde millones de jóvenes acuden para TERMINAR CON LA ÚLTIMA CUOTA DE CEREBRO HUMANO que les dejó la escuela y la universidad del sistema.

Después de la "FIESTA NOCTURNA DEL SUICIDIO", con la luz del día, en las inmediaciones de estas cuevas monstruosas (llamadas "centros de diversión juvenil") se puede ver a centenares de jóvenes con la MIRADA EXTRAVIADA, sin capacidad de razonamiento ni reflejos humanos, vagando como zombies, tirados en las veredas, vomitando en las veredas o prostituyéndose para CONSEGUIR MÁS DROGA DESCEREBRANTE.

Es un fenómeno estadístico y verificable a simple vista a NIVEL MUNDIAL.

Pero que ningún medio de comunicación, psicólogo, comunicador o científico oficial analiza como ENFERMEDAD SOCIAL del sistema capitalista en estado DECADENTE y terminal. Así como el sistema termina con la vida por medio de las GUERRAS de conquista, las HAMBRUNAS seriales, la destrucción del medio ambiente, o la concentración de riqueza que condena la POBREZA a la mitad de la población humana, nadie menciona ni analiza la DESTRUCCIÓN SISTEMÁTICA DEL CEREBRO HUMANO, con la alienación tecnológica, la ignorancia y las drogas. Que le sirve al sistema para DOMINAR Y CONTROLAR A LA MANADA ESCLAVA MUNDIAL SIN EL USO DE LAS ARMAS.

Y para manipular consenso masivo al CONSUMISMO DEMENCIAL que construye la RENTABILIDAD capitalista como parte de la concentración de riqueza en pocas manos.


Y en este escenario, el ASESINATO MASIVO DEL CEREBRO HUMANO (incluido el de los jóvenes con la droga y las discotecas) es una variable de ajuste de un sistema demente y criminal que se dirige a su PROPIA DESTRUCCIÓN ASEGURADA.



sábado, 30 de abril de 2016

SOBRE LA EDUCACIÓN DE LOS JÓVENES





Hace muchos años que se es­tán cosechando los frutos de la imposición de una educación permisiva de cuño pro­gresista, con su carga de facilismo, anomia y relativismo. Burros y amorales en cantidad es lo que pa­re la educación pública y también la educación privada, aún la de la es­cuelas y colegios religiosos, infiltra­da por la prédica freudomarxista de sociólogos, psicólogos y educacio­nistas formados en la matriz de Flacso y de las universidades. Son los que forman los elencos estables en las distintas carteras que tienen a su cargo el diseño de los contenidos y métodos de enseñanza.
Veamos uno de los incontables casos que ejemplifican una educa­ción sin valores, sin rumbo e insa­nablemente obscena, que el azar nos puso delante de los ojos al revi­sar viejos papeles y recortes. El dia­rio “La Nación” del 19 de abril de 2001 documenta, sin ningún co­mentario edificante y como quien narra un partido de fútbol o un he­cho de la farándula, el extravío de los jóvenes que cursan los estudios secundarios, hecha la salvedad de que el fenómeno se remonta más allá de la restauración del régimen partidocrático, que no ha hecho otra cosa que agravarlo.

viernes, 22 de abril de 2016

¿QUIÉN TIENE LA CULPA?




Padre Héctor O. Oglietti, “El Evangelio sobre los tejados”, Edición Proartel, Buenos Aires, 1966.

NOTA DEL BLOG: Han transcurrido 50 años desde que se dijeran estas cosas. La degradación producida en ese lapso es a todas luces evidente, bastaría pensar solamente que entonces se decían estas verdades en la televisión, y hoy ese mismo canal de TV tiene como estrella a un degenerado promotor de la contracultura como Marcelo Tinelli; entonces las barras de jóvenes no llegaban a drogarse en la forma en que hoy lo hacen, muriendo como moscas en los recitales; el satanismo era incipiente, y hoy ha invadido todos los medios de comunicación. Pero las indicaciones dadas hacia una solución de este problema siguen siendo las mismas, al igual que sus responsables.



Una de las características más notorias de la adolescencia, es la tendencia a la imitación.
Los jóvenes en vez de crear, imitan, porque carecen de ori­ginalidad y porque temen el fracaso. La imitación no es otra cosa que un sustituto de la originalidad. Y es que crear implica esfuer­zo, trabajo, dolor, perseverancia y muchas veces acarrea el des­precio de los demás.
Llega un cierto momento en la juventud en el que el YO siente la imperiosa necesidad de manifestarse de alguna manera. Ya no le basta ser amado, quiere comenzar a amar él mismo, ser él mismo. Y en realidad esta es una de las tareas más difíciles. Ser uno mismo, significa ser auténtico3 es decir, no dejarse arras­trar por la corriente de mediocridad que abunda en este mundo.
Entonces el joven se torna un mero adorador de héroes; necesita un ideal y muchas veces carece de algo mejor que un actor o actriz cinematográficos, o un director de orquesta de moda o el cantante o la cantante melódicos hacia los cuales proyecta su vida emocional.
Su personalidad es como el camaleón; adopta el color del lugar o de las circunstancias que lo rodean. Gomo el agua, toma la forma del recipiente que la contiene.

lunes, 18 de abril de 2016

COSTA SALGUERO: CROMAGNON EN CONTINUADO




La corrupción cultural sigue intacta. El mismo espíritu deletéreo de todo orden moral, de toda estética sigue a la orden del día. En lo sustancial, en lo importante que afecta el rumbo de la vida social en la Argentina, no hay cambio ninguno para bien sino perfecta continuidad en la decadencia a pesar de los cambios de gobierno. Es decir, sigue activa la promoción del libertinaje y de la corrupción sistemática de la moral, de las buenas costumbres y del buen gusto, como se acostumbraba decir antes.

Algunos periodistas y algunos políticos dicen que la corrupción mata. Piensan acotadamente, conforme al libreto liberal/socialdemócrata, en la corrupción que comporta una defraudación al erario público por parte de los políticos y de los funcionarios que los sirven en coyunda con el poder económico-financiero (aunque para ser francos, del poder financiero, es decir, de los bancos y de la usura legitimada que les es aneja poco o nada se dice). En una palabra, se practica un astuto e interesado reduccionismo del hecho de la corrupción, porque de la corrupción cultural que sirve de base a toda corrupción nada se dice —no es politicamente correcto—. Por ejemplo, los politicos se rasgan las vestiduras hablando de la droga y del narcotráfico pero nada dicen del ambiente que la propicia y la facilita desde la industria cultural a fin de crearle un mercado: sea promoviendo desde el hedonismo a la lujuria, desde el desenfreno a la pornografía enlatada; desde el vacío espiritual a las falsas metas; desde la anulación del pensamiento crítico de la programación mediática a la cruda marginalidad de un futuro yermo de toda perspectiva de empleo y vocación.




Salvando la diferencia de magnitud respecto de la tragedia de Cromagnon, en la tragedia de Costa Salguero (la muerte de cinco jóvenes y otros tantos en estado grave) a consecuencia del consumo de drogas sintéticas en la seudo fiesta electrónica Time Warp ocurrida este fin de semana, se repite el patrón responsabilidad política de aquella.

lunes, 11 de abril de 2016

EL ORIGEN DE LA CONTRACULTURA EN LA ARGENTINA



Max Horkheimer (izquierda) y Teodoro Adorno (derecha).



Por Jorge Ortiguera
Patria Argentina N°262, Diciembre de 2009


Algunos teóricos del tema afirman que la contracultura actualmente vigente proviene de Europa. La degradación cultural que padecemos, la guerra contra el sentido común, el auge del marginalismo, la eclosión de los marginales como nuevos agentes del "cambio social", serian elementos propios de la socialdemocracia floreciente en el viejo mundo.

Si bien puede decirse que esto tiene una parte de verdad, no la tiene toda. Los EEUU han sido una importante fuente y ayuda al fenómeno de degradación cultural que padecemos especialmente nosotros. Y ha aprovechado de mil maneras de la misma tanto política como económicamente.

La legalización de la droga, la equiparación del matrimonio con la unión de dos degenerados del mismo sexo, la tolerancia con la delincuencia y el crimen (abolicionismo penal), la promiscuidad sexual, el pacifismo suicida, el antipatriotismo militante y el odio a la religión, entre otras cosas, fueron el emblema de la llamada Escuela neomarxista de Frankfurt, que si bien nació en Alemania tuvo su más importante oportunidad de desarrollo y triunfo en los EEUU, donde sus maximos exponentes, perseguidos por el nazismo, fueron acogidos y premiados con cátedras universitarias y subsidios de las más importantes fundaciones libres de impuestos como la Ford o la Rockefeller entre otras menos importantes.

Sí, las mismas fundaciones que hoy subvencionan a importantes instituciones argentinas e incluso planes del Estado con referencia a los Derechos Humanos, la Defensa Nacional, la promoción del aborto o la Justicia y la Seguridad Interior en clave progre. Algunos dinosaurios confunden la acción de estas organizaciones seudofilantrópicas transnacionales yanquis con el enemigo comunista. ¿Cosas de un discurso desactualizado o simplemente deseo de desinformar? Con más precisión se podría decir que son terminales de la Inteligencia norteamericana y que manejan dinero de ese origen, que canalizan proyectos de importancia para las políticas y estrategias del Poder Mundial.